jueves, 20 de abril de 2017

Templanza, pintado a mano.





No me pongas nerviosa que ya voy,
deja que me recupere del estado en el que me encuentro,
deja que pueda suspirar sin pensar que me falto, que he fallado,
que me echo de menos porque creo,
que aún me quiero tal y como fuí,








Di donde... donde te escondes y donde me encuentro, 
para que así pueda de alguna manera volver a lamer tu estrella, 
y motivada con tal pasión me arriesgue a cruzar esta trampa mortal 
 a base de espinas rojas y colmillos azules,
una mezcla extraña en la que me hallo sumergida durante las noches, 
y en las que llena niebla poco a poco construyo,
un falso escudo para esta muerte dulce.









Saldré cuando estés segura de que nunca me he ido,
cuando expulses aquello por lo que no me dejas entrar.
 volveré cuando apagues el fuego con el que arde mi alma,
y calmes las tormentas que inquietan tu paz.
volveré siempre y cuando,
me prometas que no me dejarás marchar y menos aún,
me eches de tu lado, 
y no cometas el crimen,
de romper la fuerza que aún nos une.









Templanza, aprende a ser paciente y espera, que las sonrisa dejarán de salirme serias y nacerán de dentro los abrazos que no te das, 
y ahora calla,
 deja que el silencio otorgue en tus sueños,
 la esperanza del perdón a mis errores.








Un puñado de hojas en blanco sobre las mesa miran,
sin clama, con muchas ansias y alguna que otra risa,
que caiga sobre ellas la tinta,
con las que esperan ser garabateadas algún día.






Fotos: Sonia Sempere
Texto: Sonia Sempere





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