lunes, 24 de agosto de 2020

El lenguaje de las alas.


"El lenguaje de las alas" no es mas que un zumbido que escucho y que lentamente me mueve al pintar esta colección, una especie de ala en la espalda que se mueve con el cancaneo de las caderas mientras que por el pecho, cruzan el mirar del paisaje que a lo lesos asoma.

















Cierra los ojos y vete a las orillas de un rió,
allí es donde se escuchan sus zumbidos,
ese cantar que acompaña al agua.




Fotos: Sonia Sempere
Texto: Sonia Sempere



viernes, 21 de agosto de 2020

Colección Alma Mercé, Fotos Iman Dris Modelo: Bárbara Esteve



Como un espejismo al que quiero besar.


Aquí no sirve de nada tener sentido,

lo que importa de verdad es la ilusión con la que actúas,

la decisión que tomes será la adecuada,

y aunque sea para errar aprendes y tiras porque no tienes marcha atrás.
















En los garabatos es así, te dejas llevar por ellos y entras en un manta sin límites, y si caigo no hay tropiezo, nadie sabe lo que puede salir de unas manos que solo bailan sobre el tejido.

 










Sonia Sempere

Garabatera Textil








lunes, 10 de agosto de 2020

Seda salvaje y Bazin africano.

 

Dos tejidos nobles se pusieron frente a mis manos, 

al tocarlos sentí como uno de ellos, el bazin, rememoraba las historias de antaño contadas alrededor del fuego, el otro en cambio,

hablaba de la frescura con que los mares rozaban las costas de lo que bien podría ser

un paraíso.





















Mis manos se pusieron a pintar susurros.


Fotos: Sonia Sempere

Texto: Sonia Sempere





miércoles, 5 de agosto de 2020

Mural vivienda el Saler. Parque natural de la Albufera


¿En qué mundo estás?


Escribiría un gran poema de amor entre planetas, mundos, culturas, religiones, razas, clases sociales, políticas y sexuales, amor entre personas, humanos, hermanos.

Sonia Sempere


Vivienda situada en una de las mejores playas cercanas a Valencia ciudad, el Saler, dentro del Parque nacional de la Albufera, unos edificios asoman por encima de los pinos, sus vistas son espectaculares y la brisa que corre refresca cada rincón de la casa.
Su propietaria mira que cada objeto que le rodea tenga un sentido, un valor, un recuerdo, la artesanía, el diseño, la música, los cómics, la literatura, todo ello forma parte de la decoración que poco a poco ha ido colocando con sumo cuidado hasta transformar un apartamento en su hogar.

Mural: Mundos.3,50x2,50.
 
















lunes, 6 de julio de 2020

Intervenciones en los diseños de Ánima Mercé, Fotos de Anais Art




La delicadeza del algodón 100% orgánico y la pintura, juegan sutilmente entre los pliegues y frunces de los diseños de Ánima Mercé en estas intervenciones, y como resultado, estas maravillosas fotografías realizadas por la fotógrafa Anais Art, quien los posa como bodegones de arte en su estudio.

Para más información:






























Diseños: Áninma Mercé
Fotografía: Anais Art
Texto: Sonia Sempere


sábado, 2 de mayo de 2020

Ingrávida bajo el mar



Adoptada por la Madre Tierra

Una mañana a finales de abril, despertó de un sueño cayendo en que dentro de poco llegaría el día de la madre, huérfana desde hace años, se levantó de la cama, vistiéndose y mientras se preparaba el café repasaba el plan, cuando terminó, silenciosamente abrió la puerta y nada más bajar las escaleras se puso a correr, menos mal que la puerta del patio estaba abierta porque si no
 sin apenas pisar la calzada ya presentía un buen rollo increíble.








Corría tan rápido por callejuelas y avenidas como sus piernas le permitieran, y sin tener ningún reparo en detenerse bajo la sombra de cualquier árbol, concentrada en su respiración para no ahogarse a la primera de cambio, estiraba su cuerpo sometido al esfuerzo por una libertad tan sagrada como el alma que lo albergaba. Motivada por el fuerte olor a hiervas y flores, recobraba el aliento, pues el rocío era tan presente bajo la luz de la Luna que asomaba tras las nubes, que llegaba a mojar los calcetines de deporte y las zapatillas que calzaba, y avanzaba con el propósito de conseguir su misión del día. 
Aún no había amanecido cuando ya llevaba medio camino andado; la ciudad avanzaba ante ella vacía, desértica, silenciosa, sin abrazos, e insípida a los besos entre amantes y familiares, era una imagen desoladora, triste, dantesca, parecía estar viviendo un capítulo de las serie de Black Mirror.







Y es que en la raza humana se había producido una gran tragedia, la epidemia de un virus amenazaba la salud de quien no tuviera la prudencia suficiente de protegerse. La sanidad se había privatizado hasta tal punto que los habitantes de las poblaciones caían como moscas, mascarillas y guantes se agotaban en los supermercados mientras los supervivientes permanecían en sus casas, aterrados, confinados y enganchados a la información que circulaba por las redes, colapsando cables, antenas y satélites; la información tanto alentaba con las buenas acciones ciudadanas, como deprimían los bulos políticos y empresarios que retransmitían los periodistas bajo órdenes capitalistas.








Harta de tanta locura, volvía a correr, y motivada por la brisa del mar que intentaba despeinaba su pelo, quitóse la gorra pensando que ya era el un último tramo y pronto, habría llegado a su destino. Exhausta sudaba el café del desayuno, alzó la mirada hasta donde su vista alcanzaba y de izquierda a derecha con el cuello firme, miraba el inmenso horizonte costero, y despacio, tomándose su tiempo, iba abriendo más los ojos a la vez que relajaba su vista, no se lo podía creer y giraba la cabeza con asombro, de derecha a izquierda, una y otra vez asegurándose de que efectivamente, no era un sueño sino un regalo de la Vida.








Poco a poco se fue quitando la ropa hasta quedar tan desnuda como vino al mundo y desde la orilla, las cristalinas olas mojaban sus pies, hundiendo sus talones en la arena suavemente hasta sentir en sus dedos las cosquillas de la emoción. Piernas, glúteos, abdomen, pechos, brazos y hombros se sumergieron de golpe en un zambullido alertando a los peces de su llegada, las canas dejaron de brillar, enredándose entre si formando garabatos en su flaca y deformada sombra. 








No necesitaba salir a la superficie, tenía los pulmones cargados de aire suficiente para permanecer durante un buen rato buceando, gustosa por el placer por el sonido de la profundidad, que tanto le recordaba (por instinto) al del interior de la placenta, escuchaba los sonidos del corazón del océano y el circular de los ríos, el rugido de las cascadas más lejanas y el correr del agua por las acequias, que delicadamente regaban los campos más cercanos como venas terrestres, ella permanecía flotando boca abajo en el mar, abriendo los ojos picorosos por la sal.

Era el momento y el lugar para un aquelarre, con su madre de la mano todo era posible.
Sanada por el baño se tumbó a secarse con el sol.








Texto: Sonia Sempere
Fotos: Sonia Sempere

domingo, 5 de abril de 2020

“Un garabato más, un grito menos”





Ando por camino conocido,
la palma de mi mano me servirá de plano hasta que me encuentre,
pienso…. Mal,
tropiezo y me levanto como si alguien me observara desde lejos,
tropiezo y ese alguien se me acerca,
pregunto ¿de qué va todo esto? Si mis manos sudan borrarán los senderos que quiero pintar, entonces, prosigo, 
¿por donde las dirijo, hacia dónde siguen?







 El corazón me late tan rápido como mis manos quieren ir,
se retuercen entre sí enmarañando el blanco del tejido,
cada vez más marrón, menos blanco, menos puro,
ese alguien aún calla provocando un silencio aterrador,
interrumpido por los aplausos de los vecinos que desde su balcón,
me anuncian que queda un día menos.
Pero ese alguien, cada vez está mas adentro de mi,
más marrón y menos puro.

Transcurrido un buen rato de bufidos,
sin lamentos y según la voz que llevo dentro,
pienso en voz alta.
Un garabato más, un grito menos.”

Fotos: Sonia Sempere
Texto: Sonia Sempere